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Archivos Mensuales: noviembre 2013

Teníamos pendiente conocer la peluquería del niño de la cara sonriente que un día nos sorprendió en la calle Jovellanos, 31. Fuisteis muchos los que participasteis  y compartisteis en el facebook de Educación Gijón/Xixón los gratos recuerdos que teníais de esta peluquería a la que acudíais a cortaros el pelo con pocos años de edad “recuerdo que tenían dos salas con juguetes separadas por un acuario con peces de colores y también que al salir te regalaban un globo de estos que van inflados con helio ¡Qué buenos recuerdos!” (Carlos Riera) o  “yo llevo a mis hijas… siguen los mismos juguetes y el acuario, es brutal que todo está igual” (Belén Villa)…

Vuestros comentarios despertaron nuestra curiosidad, por ello hemos querido conocer a José Manuel y su peluquería. Sabíamos que tendría muchas cosas que contarnos, queríamos conocer la trayectoria de este profesional que ha cortado el pelo a miles de niños y niñas de Gijón y que mantiene la peluquería prácticamente tal y como se inauguró hace más de 35 años. El encuentro ha sido muy sustancioso ya que hemos podido conocer cuestiones muy diversas que os contamos a continuación:

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  • La decoración de la peluquería. Que la peluquería se mantuviera exactamente igual que cuando se inauguró, alimentó nuestra curiosidad por conocer su interior, acostumbrados como estamos a cambios constantes, ya no solo en la decoración de los locales, sino del propio negocio en si. Efectivamente, traspasar la puerta de entrada de Juniors es como hacer un viaje en el tiempo para situarse en una peluquería de la década de los setenta u ochenta. Una especie de centro de interpretación, ya que conserva el mismo mobiliario, los mismos póster y carteles que la decoraron en las décadas más próximas a su inauguración, permitiéndonos conocer a los protagonistas de la diversión de su clientela (Vicky el vikingo, Mazinguer Z, Abeja Maya, Marco, el Osito Misha, Inspector Gadget, Los Picapiedra, La Pantera rosa…). José Manuel no ha querido cambiar nada, no lo ha considerado necesario, “es de madera buena y la mayoría de los cuadros que la decoran son obsequios de mi clientela” al igual que gran parte de los juguetes que pululan por la peluquería. Nos cuenta José Manuel que “muchos de los que vuelven con sus hijos/hijas recuerdan que está igual que cuando ellos venían y les resulta agradable y sorprendente”.

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  • La fidelidad de su clientela. Más del 80% de su clientela actual son descendientes de quienes en su momento fueron niños y niñas a los que José Manuel cortó el pelo, quienes, aún siendo mayores, siguen acudiendo al peluquero que los vio crecer. No quieren prescindir de su bien hacer, de la confianza que tienen depositada en él para hacer con sus “cabelleras” los cortes que más les favorecen. No son pocos a los que lleva cortando el pelo desde que eran bebés, precisamente hoy cortará el pelo a un maestro de Candás, uno de sus más fieles clientes, para se exactos, desde octubre de 1978, cuando tenía la edad de 2 años, no le cuesta recorrer unos cuantos kilómetros con el fin de dejar su “melena” en sus expertas manos. Nos muestra la ficha de otro cliente cuyo primer corte de pelo tiene registrado en diciembre de 1977, nos cuenta que ahora vive en Madrid pero cada vez que viene por Gijón, pasa por la peluquería a cortarse el pelo acompañado de sus hijos.

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José Manuel es todo un profesional, son muchos los cortes de pelo que ha realizado durante todos estos años. Nos llama la atención que en la peluquería no hay rastro de ordenadores, ni de ningún tipo de maquinaria de última generación, su mejor herramienta son unas tijeras que maneja con gran destreza, parece que a él no le hace falta el uso de las nuevas tecnologías en su trabajo.

  • Sistema de documentación. 
    Aún así, no ha descuidado el registro documental de su clientela, todo lo contrario, tiene un archivo en el que conserva miles de fichas, algunas de ellas abiertas hace casi 40 años. De algunos conserva hasta 7 fichas que si lo multiplicamos por los aproximadamente 22 cortes que registra cada una, nos lleva a concluir que un mismo cliente ha visitado a José Manuel en al menos 154 ocasiones. Gracias a los campos que contempla nos permite:
    1. Identificar la clientela (nombre, apellidos…)
    2. Controlar su asistencia (día/mes/año)
    3. Saber el tipo de corte de pelo o de peinado que se ha realizado durante sus distintos visitas a la peluquería. José Manuel nos ha desvelado el código alfanumérico que utiliza para describir los cortes, por ejemplo: “1” significa muy corto; “2” corto;  “3” menos corto… “F” flequillo; “RI” raya izquierda; “RD” raya derecha; “A” peinar para atrás…

Lo hace “para ganar tiempo, vas a tiro fijo, no les haces esperar, trabajas desde lo seguro, no puedes tener a los chiquillos sentados más de 10 minutos, se ponen muy nerviosos, quieren jugar y divertirse. Hay que ser ágil, tener paciencia y humor para trabajar con ellos  … “

Por eso en estas fichas también reserva un campo para <<Observaciones>> en el que indica si el niño o niña, incluso bebé (tiene clientela que no pasa de los 13 días), ha llorado o incluso vomitado, “a veces se ponen tan nerviosos que es lo que ocurre”, lo tiene en cuenta para en próximas visitas prestarles más atención. La peluquería está llena de juguetes, “la sala de espera se convierte en una guardería en multitud de ocasiones.  Con el juego, los niños y niñas llegan más calmados al corte de pelo“.

“Cada vez lloran menos, antes no salían a tantos sitios…” Nos cuenta José Manuel, algo que nos ha sorprendido, como un cambio de costumbres como puede se que los niños y niñas de hoy se desenvuelvan en una mayor diversidad de espacios y lugares que los niños de las décadas de los setenta y ochenta,  puede reflejarse en algo como su llanto al cortarse el pelo. José Manuel es un gran observador al que no le pasan desapercibidos este tipo de detalles, son muchas horas con los más pequeños y pequeñas y ya conoce sus debilidades. También nos cuenta que los niños son mucho más inquietos que las niñas, aguantan menos tiempo sentados, por eso la persona que les corte el pelo tiene que tener una gran habilidad y sensibilidad especial.

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Pero esto no ha hecho nada más que empezar, con José Manuel también hemos podido conocer y aprender muchas cosas más:

  • La adquisición del aprendizaje de un oficio hace 50 años. José Manuel nació en en San Martín de Luiña (Cudillero) un día de Reyes de 1953. Con apenas 11 años, al de salir del colegio, recorría 8 kilómetros para poder aprender el oficio de peluquero en una peluquería de Cudillero.

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  • Los motivos para desempeñar un oficio con apenas 12 años. Esa fue la edad con la que José Manuel empezó a trabajar afeitando a brocha y navaja y cortando el pelo, “no quería quedarme en el pueblo, mi padre estaba en la marea y yo tendría que seguir con la ganadería, con las vacas… así que había que elegir un oficio. En aquella época tener 12 años era como tener ahora 18″. Su amistad con un peluquero fue lo que hizo que se decantase por este oficio y no por otro.
  • El desarrollo del oficio de peluquero en algunas parroquias y  pueblos de Asturias. “La primera vez que ejercí de peluquero lo hice con 12 años, fue en la peluquería en la que estaba aprendiendo en Cudillero, mi maestro me iba dirigiendo, también iba por las casas  y sidrerías de los pueblos de este concejo, a los que me desplazaba determinados días de la semana, aún lo recuerdo:
    1. Mafalla “Casa Balbino” los jueves
    2. Valdredo “Casa Gelo” los viernes
    3. Novellana “Roxu” los sábados y domingos”
  • El desarrollo del oficio de peluquero en una ciudad, concretamente en Gijón. Recuerdo con claridad el día que me hicieron una prueba para poder entrar a trabajar en la Peluquería Jovellanos de Gijón (cruce entre calle Pelayo y calle Nava).  Esta sería mi gran oportunidad de dejar el pueblo y venir a la ciudad, que era lo que realmente deseaba. Tenía 15 años, mi padre había visto la oferta de trabajo en un periódico y allí me presenté, se trataba de una buena peluquería, céntrica (calle Pelayo esquina con Navia), en la que trabajaban seis peluqueros. La prueba consistía en afeitar a un cliente, si no le gustaba al responsable mi forma de afeitar, no me contratarían. Lo pasé realmente mal, fue una experiencia horrible, me puse muy nervioso, ya que tenía mucha ilusión por poder trabajar en Gijón. Muy mal no lo hice ya que me contrataron.
  • Sueldo de un peluquero, gastos y ocio de un inmigrante soltero en Gijón en la década de los sesenta, cambio de moneda, cambios en los nombres de las calles de Gijón, desaparición de equipamientos culturales de nuestra ciudad como el Cine Goya… “Pasada la prueba, con 15 años, solo y con muchos sueños por cumplir, llegué a Gijón/Xixón y me alojé en una pensión en la calle Primo de Rivera (hoy calle Diecisiete de Agosto), pagaba 20 duros al día, 100 pesetas (60 céntimos) con pensión completa, venían a ser unas 3.000 pesetas al mes (18 euros). Ganaba en aquel entonces , en torno a 4.000 pesetas de sueldo (24 euros),  pero con las propinas lo completaba, sobre todo recuerdo las de los alemanes que se alojaban en el Hotel Hernán Cortés, algunas de las cuales ascendían a 25 pesetas. Si calculamos que la pensión completa eran 100 pesetas diarias no era una mala propina. Para que te hagas una idea, la entrada al Cine Goya en sesión continua eran 8 pesetas. Cuando salía de la peluquería, como todavía no conocía a nadie, me metía en el cine. Me hice un aficionado a las películas de vaqueros.
    Después trabajé en la Peluquería Rodrigo durante 7 años, otra de las grandes peluquerías de Gijón.
    El 6 de junio de 1977 empecé a trabajar de Oficial de 1ª en Sorribas Juniors, la que sería mi futura peluquería desde mayo de 1981, Juniors, la peluquería en la que llevo trabajando desde hace más de 35 años”.
  • Cambios de moda en peinados de niños y niñas. Antes se hacían muchas permanentes, querían rizos, también se hacían mechas. Este tipo de trabajos no se demandan en la actualidad, ahora tienen plancha, una herramienta que antes no se usaba”.
  • Publicidad de una peluquería en Gijón en las décadas de los setenta y ochenta.
    • Iba a los colegios y entregaba obsequios como bolígrafos, globos… con los datos de contacto de la Peluquería.
    • Puse un stand de la peluquería durante varios años en Mercaplana, donde los niños y niñas podían divertirse.
    • También organizamos desfiles en el Parque del Piles.
      Ahora José Manuel no tiene que hacer publicidad, ya tiene asegurada su clientela.

Y muchas cosas más…

José Manuel no quiere que terminemos este reportaje sin agradecer a su clientela la fidelidad y cariño que le han demostrado a lo largo de todos estos años. Tiene 61 años y pronto llegará su jubilación, aunque nos confiesa que no tiene ninguna prisa. Su oficio forma parte de su vida, al igual que sus clientes.

Nosotros queremos agradecer a José Manuel que haya compartido con nosotros parte de su vida, permitiéndonos conocer la historia de un peluquero que ha sido y sigue siendo el responsable de cortar el pelo a miles de niños y niñas de Gijón. Hemos podido entender el porqué de esa querencia que manifestasteis en el facebook de Educación hacia esta peluquería. El sentimiento parece ser mutuo ya que hemos podido comprobar que para José Manuel su clientela es mucho más que clientela, gran parte de ella forman parte de su vida cotidiana y los tiene en alta estima, así nos lo ha hecho sentir.

Ya surgieron en la anterior entrada de este blog una serie de reflexiones acerca del tipo de relaciones y vínculos que llegamos a establecer con los diversos profesionales que tratamos en nuestra vida cotidiana…  “nuestra” frutera, “nuestra” carnicera, “nuestro” peluquero…nos referimos a ellos con el pronombre posesivo “nuestro/a”, son mucho más que un peluquero, una frutera, una carnicera… ¿podemos sustituirlos sin más, sin que exista un motivo de peso?, ¿existe una confianza, una valoración de su personal modo de hacer que los hace casi imprescindibles?

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